Casas de feria y vida social ganadera
Durante los días de la feria patronal de enero, buena parte de la vida social de Sincelejo se trasladaba a las llamadas casas de feria: viviendas de familias ganaderas o comerciantes del casco urbano que, durante esas jornadas, abrían sus puertas para recibir a parientes, amigos y visitantes llegados desde las fincas de la sabana y desde otras poblaciones de la región. Estas casas funcionaban como una extensión doméstica de la fiesta pública: en sus patios y salas se organizaban almuerzos extendidos, tertulias nocturnas y rondas de música que complementaban la actividad del ruedo y de las calles.
La hospitalidad era, en este contexto, un valor social de primer orden. Las familias ganaderas competían, de manera amistosa, por ofrecer la mesa más generosa y la mejor música a sus invitados, en un gesto que reforzaba los lazos entre hacendados de distintas fincas de la sabana y consolidaba alianzas sociales y, en ocasiones, comerciales en torno al negocio del ganado. Las mujeres de la casa solían asumir un papel central en la organización de estos encuentros, coordinando la cocina, la atención a los huéspedes y, en muchos casos, el alojamiento temporal de familiares llegados de lejos para la feria.
Según la tradición oral recogida en la región, en algunas de estas casas de encuentro ganaderas también se practicaban juegos de mesa y de salón entre los asistentes, como parte de la tertulia nocturna que acompañaba la música y la conversación tras las jornadas de corraleja. Esta costumbre, de carácter marginal dentro del conjunto de la vida social de la feria, se menciona aquí únicamamente como un rasgo más de la vida de salón de la época, y no como un elemento central de la tradición que documenta este sitio.
Las casas de feria también cumplían una función de intercambio de información dentro de la comunidad ganadera: era común que en esos encuentros se comentaran los resultados de las cosechas, el estado de los pastos tras las lluvias, los precios del ganado en las plazas vecinas o las novedades familiares de las distintas fincas de la sabana. En este sentido, la casa de feria operaba como un espacio informal de sociabilidad económica, complementario a las ferias de ganado y a los mercados semanales que sostenían la vida rural de la región.
Con el paso de las décadas, y a medida que la ciudad crecía y se modernizaba, muchas de estas casas tradicionales de feria fueron transformándose en hogares urbanos convencionales o cediendo su función social a clubes, salones comunales y espacios de hospedaje más formales. Sin embargo, la memoria de esas jornadas de puertas abiertas, mesas largas y música ininterrumpida sigue presente en los relatos de las familias ganaderas más antiguas de Sincelejo, y constituye un capítulo entrañable, aunque menos documentado, de la historia social de las ferias patronales de la sabana.
Los cronistas regionales que han recogido estos relatos coinciden en señalar que el verdadero valor de las casas de feria no residía en ningún entretenimiento particular, sino en su función de punto de encuentro: allí se reconstruían lazos familiares dispersos por la vida rural, se presentaba a las nuevas generaciones ante la comunidad ganadera y se transmitía, de boca en boca y entre acordes de gaita, buena parte de la memoria oral que hoy permite reconstruir la historia de las ferias patronales de Sincelejo.