La gaita y la música de la sabana
Ningún relato sobre las ferias de Sincelejo estaría completo sin detenerse en su banda sonora: la música de gaitas y tambores que, desde los orígenes mismos de la fiesta, acompañó tanto el ruedo de las corralejas como las verbenas nocturnas de las calles patronales. Esta tradición musical tiene raíces profundas en la cultura indígena zenú, que habitaba la región de la sabana y el San Jorge desde tiempos precolombinos, y que desarrolló instrumentos de viento elaborados a partir de cardón, cera de abejas y plumas, conocidos como gaitas.
La gaita tradicional de la sabana se presenta en pareja: la "gaita hembra", de sonido más grave y encargada de sostener la melodía, y la "gaita macho", de registro más agudo, que improvisa variaciones alrededor de esa base. A este conjunto se suman instrumentos de percusión de raíz afrodescendiente, como el tambor llamador, el tambor alegre y las maracas, que aportan la base rítmica característica de los sones y los gaiteros de la región. Esta fusión de elementos indígenas y africanos, con aportes posteriores de la tradición musical española en cuanto a estructuras melódicas y de conjunto, dio origen a lo que hoy se reconoce como música sabanera.
La cercanía de Sincelejo con municipios como Ovejas, también en el departamento de Sucre, reforzó históricamente esta vocación musical de la subregión: Ovejas es ampliamente reconocida en la costa Caribe por sostener una de las tradiciones de gaita más vivas del país, con agrupaciones y familias de gaiteros que durante generaciones han transmitido oralmente el oficio de construir y tocar estos instrumentos. Las ferias de Sincelejo se nutrieron de esa cercanía, convocando año tras año a conjuntos de gaita de los municipios vecinos de la sabana para animar tanto las corralejas como las noches de parranda.
Junto a la gaita, la sabana sucreña dio también compositores de música popular que trascendieron el ámbito regional. Un ejemplo frecuentemente citado en las crónicas musicales de la costa Caribe es el de Adolfo Pacheco, compositor nacido en San Benito Abad, Sucre, cuya obra dentro del género de paseo sabanero y vallenato contribuyó a difundir, más allá de la región, el universo sonoro y simbólico de la sabana ganadera: sus llanuras, sus hatos, sus ferias y su gente. Figuras como esta ejemplifican cómo la experiencia cotidiana de la sabana —el trabajo con el ganado, las fiestas patronales, la vida de pueblo— se convirtió en materia prima de composiciones que circularon por toda la región Caribe.
Durante las ferias de enero, la música no era un acompañamiento secundario sino un componente estructural de la experiencia festiva. Las verbenas nocturnas organizadas en plazas y casas de feria se extendían hasta la madrugada al son de conjuntos de gaita, bandas de viento y, con el paso de las décadas, orquestas de formato más moderno que interpretaban tanto repertorio tradicional como las composiciones de música sabanera que iban ganando popularidad en la radio regional.
Esta tradición musical se mantiene viva en Sincelejo y en los municipios vecinos de la sabana, transmitida de generación en generación por familias de gaiteros y tamboreros, y constituye, junto con las corralejas y la economía ganadera, uno de los tres pilares sobre los que se construyó la identidad festiva de la región que este sitio documenta.