Las ferias patronales de enero
Cada mes de enero, Sincelejo vive el periodo festivo más intenso de su calendario anual: las ferias patronales, un conjunto de celebraciones religiosas, culturales y populares que se extienden durante varios días consecutivos y que tienen a las corralejas como uno de sus momentos centrales, aunque no el único. El origen de estas ferias está asociado a las festividades religiosas locales de comienzos de año, en torno a las cuales la comunidad organizaba desde el siglo XIX actos litúrgicos, procesiones y, de forma paralela, actividades festivas de carácter popular que con el tiempo adquirieron vida propia.
La estructura típica de la feria, consolidada a lo largo del siglo XX, combina varios componentes que se refuerzan entre sí: las corralejas en horario diurno, con participación de capeadores y toros donados por ganaderos de la región; verbenas y bailes nocturnos animados por conjuntos de gaita, banda de viento y, más adelante, orquestas de música sabanera; desfiles y comparsas que recorren las calles principales; y la elección de reinas populares de feria, un ritual que movilizaba a barrios enteros en la preparación de carrozas, vestuario y actos de presentación.
Las ferias de enero cumplían, además de su función festiva, un papel económico y social relevante para la ciudad. Durante esos días, Sincelejo recibía a un número de visitantes considerablemente mayor que en el resto del año: familias de la sabana que se desplazaban desde fincas y poblaciones cercanas, sincelejanos radicados en otras ciudades del país que regresaban para la ocasión, y comerciantes ambulantes que instalaban puestos temporales de comida, bebidas y artesanías alrededor de los ruedos y las plazas. Este flujo de visitantes convertía a la feria en un motor económico puntual para el comercio local, los hoteles y las familias que alquilaban habitaciones o espacios durante la temporada.
La organización de la feria recayó, históricamente, en juntas y comités compuestos por representantes de la sociedad civil, hacendados ganaderos, comerciantes y autoridades municipales. Estas juntas se encargaban de coordinar la donación de toros, la construcción y mantenimiento del ruedo, la contratación de agrupaciones musicales y la programación general de actividades, en un ejercicio de gestión colectiva que reflejaba el carácter comunitario de la fiesta desde sus orígenes.
Con el paso de las décadas, las ferias patronales de enero se convirtieron en un espacio donde convergían distintas capas de la identidad sincelejana: la herencia religiosa colonial, la tradición ganadera de la sabana, la música de raíz indígena y afrodescendiente, y una vocación festiva que la ciudad proyectó cada vez con mayor fuerza hacia el resto de la región Caribe. Hoy, la memoria de esas ferias —sus reinas, sus toros más recordados, sus gaiteros y sus noches de parranda— constituye una de las fuentes más ricas para reconstruir la historia social de Sincelejo durante el siglo XX, tal como documentan los archivos regionales y la tradición oral consultados para este proyecto.
Las páginas siguientes de este sitio profundizan en dos de los componentes centrales de esa feria: la música de gaita y banda sabanera, y la vida social que se desarrollaba alrededor de las casas de feria donde ganaderos y familias visitantes se reunían durante estas jornadas.